Hola. Siento haber estado tanto tiempo sin escribir por aquí, pero es que he estado construyendo una chimenea. Me mudé a un piso por el centro de la ciudad, y para mi sorpresa no tenía chimenea. Así que, me he tenido que dar prisa, que a estas alturas Santa Claus está al llegar y sin chimenea no viene a visitarme. Aunque me gustaba más la chimenea que había en mi casa, pero de allí me tuve que marchar. La verdad es que todavía no he entendido muy bien por qué me tuve que ir. Todo empezó aquella noche... Yo no podía dormir, quizá porque había tomado una de esas pastillas de colores de mi tío, de esas que tienen una calavera dibujada, pues la había confundido con un caramelo. La cuestión es que, comencé a escuchar ruidos fuera de casa. Aún mareada, me asomé a ver que pasaba. Un par de hombres estaban en la entrada de mi casa. Uno parecía que intentaba entrar por una de las ventanas a mi casa. Pero no, me dijeron que eran vendedores, vendedores de pastillas del sueño. ¡Qué suerte que tuve! Así que les compré un par de ellas y me las tomé. Dormí como la marmota que tenía mi tío antes que de que la cocináramos para el cumpleaños de mi hermano. Pero al despertar, dos días después por la mañana, me encontré con que la casa estaba vacía. Sin mediar palabra, mi madre me puso las maletas en la calle. Yo las volvía a meter, no entendía que, para una cosa que quedaba la dejara en la calle. Pero al final resultaba que me echaba la culpa de que la casa estuviera vacía y me dijo que buscara algún lugar donde vivir.
Primero pensé en ir a vivir al bar de la esquina, para estar cerca de mi padre. Pero, de camino al bar me encontré con uno de los amigos italianos de mi tío. Me dijo que me conseguía un piso si le hacía un "favor". Así que le hice el favor de acercarlo en coche hasta su casa. Así conseguí el piso. Tuve una discusión con mi vecino por "cogerle prestado el coche" para llevar al italiano a su casa, pero mereció la pena para conseguir el piso. A ver, que no deje el coche aparcado ahí en la calle sin alarma, que hoy día todo el mundo sabe hacer un puente.
Bueno, os dejo, que voy al bosque que hay a las afueras a por un sauce llorón para decorarlo para Navidad (es que es mi árbol preferido).
Besos!